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“André y Dorine”, historia de un amor

Ha empezado 2014. Cargado de fuerza. Yo lo hago empapada de teatro y, de arranque, con ese hermoso montaje que responde al nombre de “André y Dorine”. Quizá el título no diga nada. Da lo mismo. El espectáculo es soberbio y está lleno de magia lo mires por dónde lo mires.
A veces, cuando les escribo a los medios sobre esta obra, me da cierto miedo escribir palabras como “mudo” o “máscaras”. Sin embargo, parte de su poesía, de su luz, de su belleza está en ello. Porque eso lo hace tan universal como personal. Curioso como una cara sin aparente gesto puede hablarte y contarte tantas cosas. Eso es arte. Y el resultado de un trabajo de cuerpo que hace de la figura un todo y que le dota de vida propia. En “André y Dorine” no respiras. Ríes, lloras, suspiras, te sorprendes, te conmueves, te arrastras…disfrutas. Vaya que si disfrutas. Le he visto al público dejarse las manos en los aplausos, chillar “bravo” sin cortarse un pelo y, con todo, salir de la sala con la sensación de que no habían dejado claro lo maravilloso que les había parecido el rato que pasaron con esta familia cuyo recorrido no es tan distinto del de tantas del mundo.
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“André y Dorine” debe su título a una historia de amor que saltó a los periódicos en septiembre de 2007. Una historia de amor y muerte. Muchos sostienen que la vida funciona bajo esas dos coordenadas y, desde luego, en esta historia es evidente. Las noticias glosaban la aparición de los cadáveres del filósofo y periodista André Gorz y su mujer Dorine. Por suicidio. Para mí, un fin tan digno como otro cualquiera si tienes claro que al final del túnel que atraviesas no hay luz. André y Dorine se amaban desde el principio de los tiempos y sabían que el camino conjunto pronto llegaría a su fin: ella estaba enferma y condenada. Él, entonces, en un arranque de amor envidiable le escribió un libro un año antes, que recomiendo con fuerza. “Cartas a D. Historia de un amor”, publicado en España por Paídos Ibérica. En él, Gorz le dedica frases como esta:
Acabas de cumplir ochenta y dos años. Has encogido seis centímetros, sólo pesas cuarenta y cinco kilos, pero sigues siendo bella, elegante y deseable. 
 
Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos, porque te amo más que nunca”. 
¿Qué te parece? ¿No es hermoso?  Y ese amor que el filósofo dibuja con precisión y belleza les hizo terminar juntos el viaje iniciado tantos años atrás.
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Aquel fue el inicio para crear este espectáculo de montaje. Pero sólo el inicio. Ellos pensaron en contar una historia de amor en la vejez. Y creando, creando, pariendo este montaje el azar, o la vida, les fue llevando hasta el alzheimer. Esa condena que los tiempos modernos han traído con la expectativa de vida. 
 
André es un viejo ya refunfuñón que intenta escribir un nuevo libro. Es a lo que se dedica. Su mujer, Dorine, a quien conoció unida a un violonchelo, sigue ahí, instalada en un sofá disfrutando de su música. Ahora se estorban. Los sonidos de la antigua máquina de escribir y del instrumento se cruzan y se molestan. En un tiempo se quisieron, ellos mismos nos lo recuerdan. Pero ahora, la inercia les ha convertido en extraños compañeros de viaje y parece que ya nada queda. No es cierto. Cuando la enfermedad aparece Dorine sucumbe y André prefiere no saber. Pero escapar no es tan fácil. 
 
Los flashback nos van dando pistas sobre la pareja, nos hacen reír, nos sumergen en su universo. Que vamos comparando con su vida real, la de ahora, la que ha tomado otros derroteros. Y así se pasan 75 minutos de excelencia. Acompañados maravillosamente por la música de Yayo Cáceres, la iluminación de Carlos Samaniego y la dirección de Iñaki Rikarte.
 
Kulunka Teatro lleva 3 años con este conmovedor montaje girando por el mundo. Garbiñe Insausti y José Dault la crearon con el fin de cumplir sus sueños teatrales. Y ahí está el primero. Una obra de obligada visión en la que ambos actores, acompañados de Edu Cárcamo sacan a escena 14 máscaras maravillosas. 14 caras para repasar una vida cuando una de sus protagonistas ni siquiera recuerda la suya.
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