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Había una vez…¡un mundo!

Y estaba lleno de teatro. Hasta por las esquinas

En esa infinita suerte que tengo de dedicarme a lo que me gusta, muchas satisfacciones (y algunos dolores) me los ha dado el teatro. Me gusta mirarlo desde todos los ángulos y posibilidades. Desde dentro, comprobar el proceso de crecimiento de algo que me llegó en un papel o vía e-mail. Desde fuera, como espectadora curiosa, agradecida de que unos señores salgan a un escenario para poner en pie una representación que yo quiero pensar que es para mí (un lujo, lo mires por dónde lo mires). Desde los lados, metida entre bastidores (¡cómo sufro cuando veo que a las “cajas” les llaman “bambalinas”. Menuda guerra llevo con eso). Desde delante, que es casi como desde dentro pero siendo consciente de que acompañas en un viaje en el que tú tienes sitio pero no asiento (otro lujo para mí). O desde atrás, cuando el teatro se va quedando vacío, el personaje se ha quedado en la ducha y el actor, o la actriz, o el director, o el regidor…tienen cuerpo de un cerveza para comentar las jugadas. Muchos espectadores no lo saben, pero los que están encima de un escenario distinguen cómo respiran, cómo reciben, si responden, si han “entrado” o no en el juego. El teatro es así: está vivo por todos lados, respira, aún incluso ahora, con algunos dispuestos a someterlo a un lenta agonía.


De hecho, Madrid está siendo testigo de un fenómeno estupendo: su off. Madrid tiene ahora mismo locales insospechados repletos de actores de lujo entregados a hacerte feliz durante un rato. Cafés con pequeños escenarios que derrochan arte; porterías rehabilitadas a través de la dramaturgia para cobrar vida; salones en pisos que huelen a teatro; naves industriales que quizá nunca tuvieron nada dentro…y gente que no para de crear y de montar y de dar forma a sus sueños para que al final, también sean los nuestros.




Ahí está la Kubik, integrada en la vida del barrio de Usera, con una programación para quitar el hipo. ¡Pepe Viyuela! ¡Pepe Viyuela en esa faceta de payaso que nunca deberíamos olvidar! ¡”El contrabajo” lleno de poesía! ¡”Metro cúbico” poniendo risa a la desgracia de la no-vivienda!!!!. Por favor, ¿todavía no has pasado por ahí?. ¡No sabes lo que te pierdes!!!!.

O la Casa de la Portera, lugar en el que he disfrutado como una loca con Marta Fernández-Muro revisitando su infancia con helado con sabor a tinta. O a mi Asier Etxeandía dando forma a unas paredes que tienes la sensación de que le miran…porque poseer imán es lo que tiene.


Hace pocas semanas Fernando Sánchez-Cabezudo me llevó a pasar uno de los mejores miércoles de mi vida. Lugar: Espacio Cultural La Victoria (c/ Santa Isabel, 40. Madrid). Compañía: Desvarietés Orquestina. Espectáculo: “Las lecciones de la señorita Consolación”. Arte puro. Arantxa de Sarabia se sale. Voz y condiciones actorales a raudales. Gracia y picardía. Scott A. Singer le acompaña con su cara picaruela y su dominio musical. Y el tercer vértice no les va a zaga: Miguel Angel Bestard. Ahí los tienen a los 3 todavía este mes. No están las circunstancias como para no reírnos. Así que corran a verlos.


 

O maravillosa, resplandeciente, Estrella Blanco con “La casa de la cupletista” en Gatomaquia (c/ Sam Cosme y San Damián, 16) dirigida por su hijo Didier (¡cuánto corren algunas!) y maravillosamente bien acompañados ambos por ese ser lleno de luz llamado Ana Santos-Olmo. Llegarán grandes éxitos para este trío.